Si bien todos tuvimos, tenemos o tendremos un familiar adulto mayor, no todos son iguales, y no solo hablamos de su personalidad o carácter, sino más bien de cómo reaccionarán en la vejez y qué implicancias tendrá esto, ya sea por temas de movilidad o enfermedades a la mente.

Enfrentar esto no es fácil, van apareciendo poco a poco síntomas que no queremos asumir como propios de la edad, porque siempre vemos a nuestros papás, por ejemplo, como estandartes e inmortales y verlos perdiendo la memoria, la audición, la movilidad, la continencia y otros, a veces se hace más difícil de lo que creemos.

Para los hijos, por ejemplo, es desesperante ver cómo los padres olvidan palabras, confunden el valor de los billetes o simplemente olvidan dónde dejaron algo. Pero esto es normal y hasta a la gente joven se le olvida, pero a nosotros como sociedad nos cuesta asumir la vejez, nadie nos enseña a vivir con alguien mayor o cómo enfrentar los cambios que irán ocurriendo en tu familia y a ti mismo.

El cuidar a un familiar adulto mayor, más que una tarea, es un proceso, en el cual hay que cuidar también de uno mismo, para no caer en el estrés e incluso una depresión. Este proceso es lento y hay que tomarlo tal cual, paso a paso, día a día, ir incorporando cada cambio en la vida de ellos y la nuestra. Una buena forma de hacerlo, es tomárselo con humor, si…con humor, aunque suene extraño, pero no se imaginan cómo ayuda! Tanto para el adulto mayor como para el “cuidador informal” que son los propios familiares.

Hay que lograr hacer de este proceso algo “natural”, aunque canse, pero el cariño hará entrenar la paciencia, una virtud nada común, pero que por experiencia propia, se logra obtener y mantener. Obviamente no esperemos ser unos “santos”, habrá momentos difíciles, claro que sí, y tienen todo el derecho de explotar y refunfuñar y enojarse y hasta llorar, sino fuera así, no seríamos normales. La vejez de un familiar no es tarea fácil, pero cada día será menos complicado si sabemos mirarlo desde otro punto de vista, con humor y con la paciencia que se irá acrecentando con el tiempo se puede lograr, ¡confíen!

Este artículo no son solo palabras, no lo escribo de la vereda de al frente, todo lo contrario, soy una de esas “cuidadoras informales” que se hacen cargo de su familiar directo, en este caso, mi mamá de 96 años, si 96, leyeron bien, y no saben todo lo que me ha costado este proceso, pero si sé que se puede lograr poniendo de uno mismo todo y más!

Y recuerden…no se desesperen, y si lo hacen, ¡está perfecto!, pero si necesitan hablar con alguien que en verdad los entienda, escríbanme, no tengo ningún problema en ayudar en lo que pueda. Porque cuando yo necesité la ayuda o apoyo, no lo había y menos existían sitios como este.